A todos nos suenan las carretas que avanzaban por las llanuras en busca de la costa Oeste. Muchas de ellas eran simples carros cubiertos con lonas, pero los pesados carromatos de madera tirados por hasta ocho mulas o bueyes, de enormes ruedas herradas con una decena de radios, tenían nombre propio: carro Conestoga.
En su pescante alto se sentaron todo tipo de personajes, desde colonos puritanos en busca de nuevas tierras hasta transportistas profesionales cuya fama de deslenguados ha llegado hasta nuestros días. Su uso se extendió desde mediados del s. XVIII hasta la generalización del ferrocarril transcontinental. El curioso nombre proviene de la zona en la que empezaron a utilizarse, el Valle de Conestoga en Pennsylvania, denominación que a su vez daban los colonos ingleses de ese estado a la tribu Susquehannock que lo habitaba . De allí se extendió su uso al resto de las colonias a través de la Gran Ruta de Carromatos que se prolongaba hasta Georgia (y de la que hablaré en otro momento), y su robustez y flexibilidad los convirtió en el principal transporte de mercancías para largas distancias.
Además de la característica cobertura de lona curvada contra la lluvia y el viento, otro rasgo peculiar era su suelo abombado para evitar que el cargamento se desplazase con el acentuado vaivén (teniendo en cuenta que la mayor parte del tiempo circulaban campo a través).
A principios del s. XVIII se cobraban tarifas de un dolar por cada 50 kilos transportados unos 150 kilómetros, que solían cubrirse en una semana, lo que nos da una velocidad aproximada de 25 kilómetros al día en condiciones óptimas -es decir, suelo llano y duro y clima seco-. Las largas hileras de conestogas atravesando las praderas o subiendo los pasos de montaña eran parte del paisaje durante los meses de verano y otoño. El barro de las lluvias y el deshielo en primavera y la nieve en invierno hacían impracticables los senderos, y el riesgo de que uno de estos mastodontes con 6 o 7 toneladas de carga se quedara bloqueado e inmovilizara a toda una caravana era demasiado alto como para arriesgarse.
domingo 12 de octubre de 2008
sábado 27 de septiembre de 2008
Desenfundando
Qué hay, socios.
Comienzo este blog con el ánimo de que se convierta en una fuente de recursos, temas que comentar, noticias y, ocasionalmente, peleas de saloon. Si te gusta lo relacionado con la conquista del Oeste norteamericano, bienvenido. A esta ronda invita la casa.
Para hacer esta entrada más productiva, empezaré introduciendo uno de los objetivos de la bitácora: la adaptación del lenguaje de la época al castellano. En este caso, el saludo inicial busca la equivalencia con la expresión Howdy, pardner, típica de la época. Howdy es una contracción de how do you do?, un saludo cortés que podría ser equivalente a ¿cómo está usted? Pardner, por su parte, no es más que una grafía ligeramente alterada (para asemejarla a su pronunciación americana) del inglés partner, que se usa como socio, compañero o compadre.
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